4 de jul. de 2011

Park it here

It's a busy Monday morning in downtown Porto Alegre, and trying to find a place to park is as difficult as ever. We get lucky as someone is pulling out just in front of us, and even luckier as the 'flanelinha' hands us the departing driver's ticket, with 50 mintues still on it!
As it turns out, we only need half that, which is amazing for a visit to a government office. But as we return to the car, we realize we only have a R$1 coin to give our helpful friend. He is undiscouraged. 'Tá ótimo. Boa semana,' he calls out, smiling, then immediately turns his attention to the next eager recipient of our spot.
I'm fascinated by these guys. I'm bemused by the whole custom of having someone 'assist' you in parking your own car, making a theatrical show of rolling their hands to indicate turning your wheels, or shouting 'Pare, pare' in case you might hit the car behind you. Then they are waiting when you are ready to leave, assuring you that they have been guarding your car with their own lives.
'What do they do?' I asked when I first moved to POA in January. They look after your car, my husband told me. Why? For money, of course. Some of them seem kinda scary, I thought, suddenly appearing at your window in the dark. But they're harmless, people say. Unless you DON'T give them money... (though no one seems to know anyone who actually had a problem with any of them!)
Apparently it's a lot worse in São Paulo, where flanelinhas are very aggressive, and can demand inflated prices or even threaten you if you don't pay. Thankfully here they are generally quite friendly, and they cheerfully accept whatever small donations you give them.
Sometimes my husband tries to avoid paying, mumbling about having no change after the windows are already closed. I tell him he will get bad 'parking guy' karma if he keeps it up, and now I usually try to have some coins ready before we get to the car.
Everybody has to make a living somehow, right?

Callar y contemplar




Todas las ciudades tienen un ritmo y la pautas las marcan los habitantes de ellas. Aquí en Porto Alegre aunque siento que el centro es, por decirlo caótico y bullicioso, no lo es así en los alrededores. Es una ciudad grande más de un millón de habitantes y muchas actividades que se pueden hacer. No es preciso manejar mucho o tomar un bus en la central de autobuses para caer en lugares mucho mas tranquilos, donde se aprecia el silencio. Las ciudades no duermen solo se aletargan durante la noche recargándose de energía para el siguiente día. Por lo tanto para poder sentirla invito a nuestros lectores a recorrerla, solos o acompañados pero la única clave sería hacerlo en silencio. ¿Para qué? O ¿Por qué? Yo respondo y…¿Por qué no? Siempre hay una opción y aquí en POA las opciones a no ser la lluvia siempre hay algo allá afuera que nos puede robar una sonrisa. Hoy fui al sur de la ciudad y de cierta forma es la parte rural de la ciudad pero que linda es, la playa de Ipanema, arquitectura vernácula, casas que evocan al descanso. Lo mejor de todo es la distancia a la que nos encontramos de este lugar. Para estos recorridos recomiendo un buen libro, una bitácora o un mp3 con música agradable para cada quien. ¡Sigamos conociéndola!


1 de jul. de 2011

Cuando un idolo se va...



El frio me entraba por todos lados, no veia la hora de estar en casa. Encima el modesto Avai se estaba llevando todo del mítico olímpico. Hasta que llego ese gol a los 94, que, post avalancha, me devolvio el alma (y el calor) al cuerpo.Y en ese momento mire hacia el banco de suplentes. Ahi estaba el Idolo. Tanto habia escuchado de el desde mi llegada alla a Poa que me quede mirandolo fijo, absorto, como si estuviera dando una senal de lo que despues pasaria.
Cuando escuchó el silbatazo del juez, cerró los ojos, se mordió los labios con bronca, se le humedeció la vista y un feo escalofrío le recorrió el cuerpo. La última acción lo encontró prácticamente sin energía; se quedó quieto, se llevó las manos a la cintura, insultó al aire y dirigió su mirada hacia el palco, donde sufrían -tanto o más que él- los dirigentes y torcedores. Mil cosas se le cruzaron por la cabeza a Renato, mil. Después de tanto sacrificio, de tanto amor, se cayó, se derrumbó, ya no podía más. Cuando en agosto de 2010 aceptó el desafío de regresar a Gremio para "darle una mano", Renato Gaucho, el ídolo tricolor, conocía que sería una tarea complejísima mantener al equipo en primera. Lo sabía. Sobre todo por los últimos meses de agonia (Gremio se encontraba en zona de descenso) que estaba sufriendo el club. Abandonó la cómoda vida en Rio de Janeiro y se embarcó en la aventura tricolor, arriesgando prestigio.



Sus picardías, su lenguaje corporal y lucidez mental contagiaron a los torcedores, dirigentes y a sus propios jugadores. Pero las graves limitaciones del equipo gremista finalmente le dieron un cachetazo de realidad al ídolo. Así y todo, no se arrepintió. Ayer, disputó su último partido como DT del conjunto gaucho dando la cara en la conferecia (estallo en un llanto), como siempre lo hizo. Desde que llegue a Poa me hablaban del Idolo.Evidentemente el futbol, aqui es demasiado fuerte, se siente y se vive igual que en Argentina, y cuando un ídolo se va, los hombres lloramos.